
Esto lo consiguió Charles Baudelaire, escritor francés del siglo XIX. Era conocido como el poeta del mal (le poète maudit) por esa curiosa visión del mal de la que estaban empapadas sus obras.
Baudelaire tenía la enorme capacidad de decir las cosas de una forma poco visible, a la vez que delicada. En muchos casos la razón de la poca visibilidad era la delicadeza con la que jugaba, cosa que hace que quedes boquiabierto con su obra, pero habiendolo entendido de forma distinta a la intención con la que él la había creado.
Muchos dicen que una obra de arte escrita sólo puede ser entendida de una forma, la forma en la que el escritor quería que lo entendiesemos, pero yo no lo creo así. La poesía de Charles Baudelaire es una literatura que uno puede entender de la forma que le plazca, puede sacar únicamente el sentimiento que búscas encontrar, y aún y todo, aunque no lo hayas leido con los ojos del escritor, no pierde calidad, sobre todo, no pierde elegancia.
He de confesar que nunca antes lei nada de Baudelaire. Lo descubrí hace bien poco, pero me dejó tan fascinada que he querido hablar sobre él en esta primera entrada.
Aquí os dejo una seria de citas de este gran escritor:
- Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
- Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre.
- La vida es un hospital donde cada enfermo está poseido por el deseo de cambiar de cama.
- Las mujeres escriben, escriben con una rapidez desbordante; su corazón charla sin cesar. No conocen generalmente ni el arte, ni la medida, ni la lógica; su estilo se arrastra y ondea como sus vestidos.
- No hay más que dos medios para librarse de la pesadilla del paso implacable del tiempo: el placer y el trabajo. El placer agota y el trabajo fortifica.
- Para trabajar basta estar convencido de una cosa: de que trabajar es menos aburrido que divertirse.
- Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante.
Aquí os dejo una seria de citas de este gran escritor:
- Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
- Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre.
- La vida es un hospital donde cada enfermo está poseido por el deseo de cambiar de cama.
- Las mujeres escriben, escriben con una rapidez desbordante; su corazón charla sin cesar. No conocen generalmente ni el arte, ni la medida, ni la lógica; su estilo se arrastra y ondea como sus vestidos.
- No hay más que dos medios para librarse de la pesadilla del paso implacable del tiempo: el placer y el trabajo. El placer agota y el trabajo fortifica.
- Para trabajar basta estar convencido de una cosa: de que trabajar es menos aburrido que divertirse.
- Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante.
Al mando: Lady Dreamer


